De Le Pen a Obama, de B.-H. Lévy (El Pais, 31/01/2010)

logo el paisDesde su sección fija ‘Bloc de notas’ el filósofo analiza la actualidad: las frases infamantes de Jean-Marie Le Pen, la obra de Patrick Klugman o la caída de popularidad del presidente de EE UU.

Para qué sirve un bloc de notas? Para no dejar pasar esas pequeñas frases que a veces encierran grandes infamias. Así, el recalcitrante Jean-Marie Le Pen, primero durante un mitin, el domingo pasado en Marsella y, luego, mientras respondía a las preguntas que un entrevistador complaciente le hacía sobre su campaña, mencionó de pasada el nacimiento del nieto del presidente de la República y el hecho de que sus padres hayan decidido llamarlo Solal. Este delicado personaje lamentaba que los franceses hayan adoptado la deplorable costumbre de llamar a sus hijos « de cualquier manera ». Y señalaba que si « Abdelkader » se llamase simplemente « Albert », « tendría menos problemas ». A continuación, enlazaba con el caso del pequeño Solal Sarkozy para afirmar (entrevista Dailymotion) que le han puesto ese nombre para « cuadrar » su futuro destino con los « orígenes judíos de la señora Sebaoun » y que esa elección (mitin propiamente dicho) « no es producto, precisamente, de una inequívoca asimilación a la sociedad francesa ». Esta frase, a su vez, y hay que decirlo, es producto de la inequívoca vulgaridad de su autor. Esta frase, su frase, añadida a otra en la que este ignaro -que sólo merced a un uso inmoderado del imperfecto de subjuntivo ha conseguido hacer creer a algunos ingenuos que es hombre de algunas luces, como se decía antes- se permite calificar al personaje epónimo de Albert Cohen, al protagonista de Bella del Señor, de « Rastignac poco simpático », esta frase, decía, es producto de la más completa necedad, de una estupidez mayúscula, así como de una sordera definitiva hacia todo aquello que constituye la grandeza de la cultura francesa. Y, para terminar, por esta frase, por esta frasecita con la que se permite cuestionar de nuevo la pertenencia a la nación de dos personas que, hace un año, ya fueron objeto de injurias de la misma índole por parte de un tal Siné, su autor merecería verse ante un tribunal -pero es cierto que tal vez sea eso lo que espera este viejo y maltrecho antisemita-. Así que, por nuestra parte, vamos a limitarnos a un caluroso homenaje al gran escritor suizo, honra de Francia y de su lengua, que, en efecto, creó a Solal.

¿Para qué sirve un bloc de notas? Para celebrar la próxima aparición (el 4 de febrero, en Nova Press) de un importante librito firmado por un joven autor que es además un brillante abogado y se llama Patrick Klugman. Su obra: El libro negro de la detención preventiva. Y lo que descubrimos en él es, a grandes rasgos, que todos nosotros, realmente todos, por cualquier motivo, y a menudo sin ninguno, o sin conocerlo, podemos pasar por la extraña, penosa y, a veces, degradante experiencia de la detención preventiva. Ése fue el caso de Pascal T., seropositivo, detenido por ebriedad, que murió en comisaría porque los agentes tenían miedo a contagiarse. Ése fue también el caso de una mujer de 54 años a la que un personal del que no se sabe muy bien qué lo movía más aquel día, si la ligereza, la mala idea o, simplemente, la crueldad le impidió ir a los lavabos. Y de ese niño de 9 años. Y de esa pareja de 70 a la que cachearon en cueros. Y hay más casos, muchos otros; todo el abanico de lo posible; todo un espectro de situaciones: unas veces las más escandalosas, otras, las más extravagantes. ¿Acaso la consigna no es alcanzar una cifra, siempre la cifra, tanto en el caso de las expulsiones de inmigrantes, en el de los investigadores del CNRS o en el de todos esos procedimientos evaluativos que constituyen una de las enfermedades de nuestra época y tantas veces he criticado? Michel Foucault habría apreciado esta selección de casos concretos, de « concreciones del presente », como él decía, que apuntala una verdadera reflexión teórica sobre el estado de nuestra justicia. Según me dicen, la cosa comenzó a instigación sobre todo de Christian Charrière-Bournazel, decano del colegio de abogados, y para agitar un medio judicial que parecía desesperar de ver algún día el fin de este atentado permanente contra las libertades. Y me parece comprender que la ministra de Justicia en persona anunciará en los próximos días el principio de una reforma en la que muchos de sus predecesores pensaron sin atreverse -al leer a Klugman se comprende mejor por qué- a pagar el precio político y, tal vez, sindical. A ella le recomiendo también, encarecidamente, la lectura de este pequeño manual de supervivencia en los tiempos de la detención preventiva.

¿Para qué sirve un bloc de notas? Para decirles que, por primera vez desde Navidad, estoy de regreso en Nueva York y que estas pocas semanas -¿qué digo? estos pocos días- han bastado para encontrarme un ambiente casi completamente nuevo. ¿Habrán sido las elecciones perdidas en Massachusetts, la semana pasada? ¿Dejar escapar el histórico escaño de los Kennedy tenía tanta importancia, no sólo simbólica, sino política? ¿O habrá sido por haberse enfrentado a los bancos, por haber planteado la cuestión de las bonificaciones y la de las prácticas especulativas más chocantes? ¿O por haber enunciado unas reglas de sentido común que se esperaban desde el estallido de la crisis financiera, que cristalizó el descontento e hizo estallar esa burbuja de confianza que era como una aureola sobre la cabeza de Barack Obama? Es un hecho: el estado de gracia terminó. Nunca antes un presidente, dice The New York Times, había caído tan bajo en tan poco tiempo. Y sin embargo… Sí, y sin embargo algo me dice que, evidentemente, el hombre no ha dicho su última palabra. En todo caso, yo no consigo hacer el duelo por el sueño Obama.

Bernard-Henri Lévy
Traducción de José Luis Sánchez-Silva


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